EXCLUSIVA

Mercados del Vino y la Distribución entrevistó al Ministro de Agricultura Pesca y Alimentación, Luis Planas. Se trataron temas generales de la agricultura, como es la PAC, pero muy especialmente del vino y el aceite de oliva.

MVD. La PAC es el tema principal para la agricultura española en estos momentos. ¿cuándo considera que se aprobará la nueva Política Agraria Común?

Luis Planas (L.P.). Es complicado vaticinar una posible fecha de aprobación de la Política Agrícola Común (PAC) 2021-2027. La Comisión Europea (CE) tiene previsto inicialmente que la nueva PAC se comience a aplicar a partir de las solicitudes de pagos directos de 2021. Sin embargo, es probable que no pueda ser una realidad hasta 2022 o incluso 2023, como consecuencia de las elecciones al Parlamento Europeo (PE) en mayo de 2019 y la formación de la nueva Comisión Europea.

A la vista de este posible retraso, España, junto con otros Estados miembros, ha solicitado ya a la Comisión que adopte medidas transitorias para que la actual PAC pueda operar con normalidad hasta la entrada en vigor de la nueva y que los pagos a agricultores, ganaderos y selvicultores no se retrasen, ni se interrumpan.

La prioridad es lograr un buen resultado en la negociación.

MVD. Están siendo duras las negociaciones de la PAC en Europa. De las propuestas que plantea España, ¿cuál considera que es irrenunciable y cuáles son los mínimos con los que su Ministerio estaría satisfecho?

L.P. En este periodo, 2021-2027, nos jugamos más de 44.000 millones de euros y, por tanto, es una política que tiene interés para el sector, pero también para España, ya que la PAC supone el 61 % del conjunto de los fondos que percibimos de la Unión Europea.

La propuesta de la Comisión contempla una reducción de un 3,5% en las ayudas en el primer pilar (ayudas directas) y del 14,5% en el segundo pilar (desarrollo rural).

España y otros 20 países rechazamos esta rebaja financiera. Defendemos el mantenimiento del presupuesto para el periodo 2021-2027 porque hay que hacer frente a nuevos retos, como el cambio climático, el relevo generacional, la competitividad de las explotaciones o el despoblamiento. Los agricultores, ganaderos y selvicultores deben poder afrontar estos desafíos sin menoscabo de la rentabilidad de sus explotaciones.

Desde el punto de vista económico es necesaria una PAC fuerte, porque es importante que se mantenga el apoyo a la renta de agricultores, ganaderos y selvicultores para mantener una actividad clave para la dinamización del medio rural.

Sin embargo, el valor de la PAC, una de las políticas comunitarias más veteranas, también es importante desde el punto de vista social y medioambiental.

Por eso resulta esencial incluir en la PAC una referencia especial a las mujeres, por el importante papel que desempeñan en la vertebración del territorio. En este sentido, quiero recalcar que España es el primer Estado miembro que ha solicitado introducir el enfoque de género en la PAC. El futuro del medio rural, del campo, no se entiende sin mujeres.

Fomentar el relevo generacional para mantener la actividad agroganadera del medio rural es otro aspecto para luchar contra la despoblación. Debemos lograr que la población del medio rural tenga acceso a las mismas condiciones de vida y de trabajo que en las ciudades.

Para afrontar todos los desafíos que se plantean es imprescindible contar con el mismo presupuesto para avanzar hacia la triple sostenibilidad: económica, social y medioambiental.

MVD. Pau Roca ha sido elegido en noviembre director general de la OIV. Es el primer español en ocupar ese cargo. ¿Ha jugado algún papel el Gobierno en una elección que no ha sido fácil?

L.P. El Gobierno de España ha apoyado, al más alto nivel, al candidato español para dirigir la Organización Internacional del Vino (OIV) y este Ministerio se ha volcado con esta candidatura.

A partir del 1 de enero de 2019 Pau Roca, quien ha mostrado su valía profesional al frente de la secretaría general de la Federación Española del Vino (FEV) durante más de 25 años, será el primer español en ocupar la Dirección General de la OIV, una institución intergubernamental que es todo un referente en temas científico–técnicos del sector vitivinícola. No me cabe duda de que hará un gran papel en la defensa del futuro del sector vitivinícola mundial.

Estoy convencido de que, gracias a su vasta experiencia y conocimientos del sector vitivinícola español e internacional, sabrá conjugar con acierto los intereses de los 46 países, 21 de ellos comunitarios, que forman parte de este organismo internacional que vela por poner en valor un sector que tiene un fuerte arraigo en el medio rural, pero que también es un potente motor económico.

MVD. Centrándonos en España y en el sector del vino, ¿cuáles son sus retos respecto al sector vitivinícola y cómo espera alcanzarlos?

L.P. La recuperación del consumo interno, la incertidumbre en el mercado a largo plazo y la competencia generada por países productores emergentes son algunos de los principales retos a los que tiene que hacer frente el sector vitivinícola español.

En los últimos años el consumo de vino en España ha registrado descensos continuados. Así, en 2017, el consumo en hogares bajó el 6,2% hasta situarse en 8,11 litros por persona. Cifra muy baja para un importante país productor, como España.

Para la actual campaña se estima una producción de 47 millones de hectolitros de vino y mosto. Una cifra relativamente alta, ya que supone un 33 % más que la de la campaña pasada y un 8 % más que la de la media de 5 campañas anteriores.

La evolución de las producciones en los últimos años y el estancamiento del consumo interno son factores que condicionan el mercado, pero sobre el que debemos mostrarnos optimistas.

Hay que abrir nuevos mercados y afianzarnos en el exterior, apostando por la calidad a buenos precios.

En este sentido, valoro la campaña de promoción de la Organización Interprofesional del Vino en España (OIVE) lanzada en noviembre del pasado año, ya que es una buena iniciativa para recuperar e impulsar el consumo interno.

MVD. España pueda perder el liderazgo en superficie de viñedo, frente a China, ¿considera que esto puede afectar al vino español en el mercado internacional?

L.P. El crecimiento de China en superficie plantada de viñedo no supone una amenaza para España, el tercer productor mundial de vino y el primer exportador vitivinícola del mundo.

Es cierto que China comenzó a plantar viñas en 1980 y que, desde entonces, su ritmo de plantación ha sido elevado. Este país asiático se sitúa desde hace dos años en segunda posición, por detrás de España, como el país con mayor superficie vitícola del mundo, según datos de la Organización Internacional del Vino (OIV).

No obstante, la producción vinícola de China respecto a los principales productores del mundo sigue siendo muy baja. En 2017 su producción rondó los 10,8 millones de hectolitros anuales. Casi una tercera parte si se compara con la producción española de vino ese año (32,1 millones de hectólitros).

La baja producción china contrasta con su elevado consumo, ya que la demanda interior china es el factor que más contribuye al aumento en volumen del comercio internacional.

El país asiático se encuentra entre los principales consumidores mundiales de vino, de hecho, es el quinto mercado mundial más importante, con casi 18 millones de hectolitros, y se sitúa en cuarto lugar si se tiene en cuenta el valor de las importaciones.

En este contexto de creciente demanda e interés de los consumidores chinos por el vino, España juega un papel decisivo como el tercer proveedor más importante de vinos del país asiático.

MVD. ¿Cuáles son los puntos fuertes y débiles de los vinos españoles en el mercado europeo? ¿Tiene el Ministerio algún proyecto al respecto?

L.P. Uno de los puntos fuertes de los vinos españoles es, sin duda, su diversidad y la gran variedad de vinos con calidad diferenciada que se elaboran.

El viñedo y la producción de vino en España se extienden por todas las comunidades autónomas y en cada autonomía existen unas especificidades distintas, que aportan riqueza y diversidad a los vinos españoles.

Hoy en día el número de Denominaciones de Origen Protegidas (DOP) se sitúa en 90 y el de las Indicaciones Geográficas Protegidas (IGP) asciende a 42, figuras que han experimentado un notable desarrollo, hasta el punto de que el 60 % de la superficie de viñedo plantada en España está amparada bajo el paraguas de alguna mención de calidad.

Como ya he apuntado antes, es interesante para el sector que nuestros vinos sean más conocidos y valorados e incrementar las exportaciones. Para diversificar mercados e impulsar la imagen de los vinos españoles en el mercado comunitario, el Ministerio de Agricultura, Pesca y Alimentación cuenta con una línea de ayuda financiada con fondos de la Unión Europea (UE) para promocionar los productos agrícolas en el exterior.

MVD. ¿Le preocupan las discrepancias que se han producido en la D.O. Cava entre los productores catalanes y los de algunas otras comunidades autónomas, como Extremadura?

L.P. El Ministerio es sensible a este problema. Por ello, en la medida de lo posible y dentro de sus competencias, ha intentado solucionar el problema de la forma más conciliadora posible. No obstante, dicho conflicto de intereses solo puede ser resuelto en el seno del propio Consejo Regulador y con los instrumentos que estén a su alcance.

Son perfectamente lícitas todas las posturas, pero no hay que perder de vista la viabilidad de un sector, en este caso el del cava, y tener en cuenta un crecimiento ordenado, es decir, maximizar el crecimiento posible de la Denominación de Origen Protegida Cava evitando poner en peligro el equilibrio del mercado.

MVD. El sector del aceite de oliva crece en exportaciones pero baja en consumo interno. ¿Cuál es su visión del sector a escala nacional y cómo podría mejorar para hacer frente al aceite italiano en los mercados internacionales?

L.P. España es líder mundial en el mercado del aceite de oliva.

Su producción media está en torno a los 1,26 millones de toneladas, lo que supone el 44 % de la producción mundial y el 64% de la comunitaria.

España también es el primer exportador mundial de aceite de oliva que, junto con el aceite de orujo de oliva, ha ocupado el primer lugar entre los productos agroalimentarios exportados en 2017 y ha alcanzado un récord de facturación de 3.931 millones de euros, por delante de otros sectores de gran relevancia, como el de carne de porcino, los cítricos y el vino.

Respecto al mercado interior, aunque es el principal destino de las ventas con volúmenes superiores a cualquier destino exterior, se trata de un mercado maduro y como tal es sensible al nivel de precios. A pesar de que se produjo una reducción del consumo debido al incremento en la campaña anterior, en la campaña 2017/18 se recuperó y es previsible que se sitúe ligeramente por encima de la pasada.

Por ello, desde el Ministerio apostamos por lograr una estabilidad de los mercados, que permita atender tanto la demanda interna como externa a unos precios que sean remuneradores para el conjunto de los eslabones de la cadena.

El sector del aceite de oliva español ha logrado posicionarse en los principales mercados internacionales, superando en muchos de ellos la presencia de aceites italianos. La gran variedad de los aceites de oliva españoles y sus altos niveles de calidad han sido factores que han propiciado el crecimiento de estas exportaciones. Estas características deben seguir siendo la constante para que España continúe incrementando su cuota de mercado en el mundo, si bien es necesario aumentar el valor añadido de las exportaciones, apostando por incrementar el porcentaje de aceites de oliva envasados.

Campañas como las que lleva a cabo la Interprofesional del Aceite de Oliva Español, que realiza numerosas actividades de promoción, tanto en el mercado interior como exterior, son esenciales para difundir la variedad y la alta calidad de los aceites de oliva españoles.

Hay buenas perspectivas para el sector, ya que el consumo de aceite de oliva apenas supone el 3 % de todos los aceites vegetales a nivel mundial. Por tanto, es un producto que tiene un gran potencial y que cuenta a nivel global con grandes perspectivas de crecimiento.

MVD. Respecto al problema del cambio climático, ¿qué acciones se plantea el Ministerio y cuáles son las recomendaciones que le haría a los sectores vitivinícola y oleico español?

L.P. El cambio climático es uno de los principales retos de futuro para el conjunto de la sociedad y los diferentes sectores económicos.

En el caso de la agricultura, sus efectos son claros tanto por la incidencia directa en el proceso productivo como por su mayor limitación para hacer frente a sus efectos.

Desde el Ministerio, la lucha contra el cambio climático se aborda desde una doble vertiente. Así, se trabaja en la mitigación del impacto de las actividades agrarias sobre el clima y en la adaptación –anticipándose a las perspectivas de su evolución– a las nuevas condiciones climáticas.

En este sentido, los sectores vitivinícola y oleícola juegan un papel fundamental en la estrategia de la agricultura española frente a la lucha contra el cambio climático, dada su capacidad de absorción y fijación de carbono, que reduce el balance de emisiones del conjunto de la agricultura.

Prácticas como las cubiertas vegetales y la incorporación de los restos de poda, cuando las condiciones ecológicas lo permitan, son prácticas agrícolas que logran incrementar la fijación de carbono en el suelo. Estas prácticas aumentan también el contenido de materia orgánica del suelo, que es uno de los objetivos de la Estrategia Cuatro por Mil a la que España se adhirió, en diciembre de 2015, en la cumbre de Marraquech.

Otro aspecto relevante es racionalizar los inputs productivos, en concreto, ajustar el aporte de nitrógeno y del agua de riego a las necesidades del cultivo. Tanto en viña como en olivar el riego localizado es mayoritario. De esta forma se garantiza la máxima eficiencia de los recursos hídricos.

Hay que destacar además que el sector oleícola y vitivinícola, con un aprovechamiento integral de todos los productos y subproductos en los ciclos de vida de sus procesos, contribuyen a la estrategia de economía circular de la agricultura. Son cultivos con grandes efectos positivos en el entorno.