La variedad Albariño fue posiblemente originada en Galicia, probablemente se trata de una introgresión de alguna variedad cultivada por el hombre en poblaciones de vides silvestres refugiadas en estas regiones. Rechazamos la idea de su procedencia de Europa septentrional que nos parece errónea y poco interesante, como la que han apuntado a los monjes de Cluny como responsables de su desplazamiento. La variedad Albariño conserva en su morfología grandes similitudes con las poblaciones salvajes dioicas de la llamada Proles occidentalis.

El vino y la uva Albariño han despertado gran interés internacional en los últimos años en múltiples países, entre los que se pueden destacar los Estados Unidos y Australia, aunque su cultivo es todavía anecdótico. En España el prestigio del Albariño no es hoy discutible, en la actualidad, las estadísticas del 2010 cuantifican aproximadamente 5.500 hectáreas cultivadas en su inmensa mayoría en Galicia (5.444 ha), de las cuales casi 4.000 se encuentran amparadas en la D.O. Rías Baixas (Pontevedra) y una cantidad importante en el Ribeiro (Orense).

El auge del Albariño lo pone de manifiesto su expansión en Rías Baixas que ha pasado de 237 ha en 1987, a más de 3.800 ha en 2010. El Albariño es una variedad relativamente vigorosa con sarmientos de porte horizontal y rastreros, que presentan frecuentemente entre nudos largos (muchos más de 15 centímetros), sus hojas presentan forma pentagonal u orbicular, muy vellosas incluso en el haz de color verde pálido, y tamaño medio a pequeño. Es una variedad de rendimiento muy moderado aunque en sus zonas de cultivo de alta precipitación supera con facilidad los 10 – 12 t, que presenta yemas de alta fertilidad en el número de racimos, con medias frecuentemente superiores a dos. Sus racimos de compacidad media, alta en algunos casos, se presentan con un ala prominente y el cuerpo de racimo cónico; su tamaño es pequeño, de 80 – 150 g, pudiendo alcanzar más de 200 g, siendo su media es de 120 g. Las uvas pequeñas y esféricas con un peso medio de 1,1 – 1,2 g, según su madurez adquieren desde colores verdes a amarillos-dorados, y tonalidades rosadas y anaranjadas en casos menos comunes, siempre con lenticelas muy visibles. En el valle del Salnés con precipitaciones de más de 1.500 mm y temperaturas anuales de 14 a 15 ºC y de 18 – 18 ºC en el ciclo, la brotación es temprana en la segunda quincena de marzo, florece a primeros de junio y es vendimiada durante la segunda quincena de septiembre. En zonas medias y cálidas el Albariño es una variedad temprana.

La uva de Albariño presenta una piel de espesor medio y proporciona aptitudes enológicas amplias y variadas. Su uso más frecuente es el de vinos jóvenes, pero debemos tener en cuenta pero tiene buenas aptitudes para su crianza en lías y en barrica. Si tenemos que destacar sus aspectos más relevantes, es una variedad con una buena maduración sacarimétrica que da vinos de grado probable medio y alto, que en sus zonas de cultivo presenta una notable acidez que confieren al vino frescor. Son destacables sus altos contenidos en ácidos tartárico y málico, este último es objeto con frecuencia de fermentación maloláctica dando a los vinos los tonos lácticos, la estabilidad del tartárico se ve condicionada por frecuentes y altos contenidos en potasio. Frescor y fragancia son característicos del Albariño, que presenta habitualmente tonalidades amarillas variadas, desde verdosas a doradas, y vinos de cuerpo medio. Sus sensaciones aromáticas pueden ser muy variadas y complejas, los cítricos como el pomelo, las frutas blancas, como las manzanas verdes, el albaricoque y el melocotón son frecuentes. Los aromas a pera, las hierbas frescas y el heno son comunes, sin olvidar que su carácter floral es también característico, en especial las flores blancas. En sus aromas son perceptibles terpenos como el linalool y el geraniol que matizan su carácter floral. Bien elaborados los vinos Albariños son complejos, persistentes, amplios y sabrosos.

La variedad Albariño es muy sensible a la sequía y a la falta de luz que se manifiesta en su fertilidad y recomienda en zonas poco luminosas podas largas, ambos factores favorecen defoliación. El Albariño es sensible al mildiu, mucho al olídio, a la acariosis y arañas, y, sin embargo, relativamente poco sensible a la botritis.