Alejandro Fernández, fundador del Grupo Pesquera, bodeguero precursor del éxito de Ribera del Duero, vive a los 86 años su batalla mas dura.

Pese a lo que se ha venido publicando en los últimos días, parece ser que la realidad es justo lo contrario a lo que las apariencias podrían señalar.

El desencuentro comenzó cuando, derivado de los problemas que Eva -la hija pequeña del bodeguero- mantuvo con los empleados de las bodegas, el Consejo de Administración decidió apartarla de sus tareas. Eva, que no tiene la titulación de enología, pese a los estudios que ha realizado, no mantenía buenas relaciones con su equipo, ni cumplía el mandato del Consejo respecto al perfil de los vinos que la mayoría recomendaba como adecuados a un mercado moderno.

Ante esta circunstancia, Eva acudió a su padre y ambos iniciaron una batalla que comenzó cuando Alejandro Fernández pidió el divorcio a su mujer para irse a vivir con su hija Eva, momento a partir del cual, tanto ella, como el resto de sus hijas, nietas y familiares, dejaron de tener contacto con él.

A pesar de los reiterados intentos de las hijas y su mujer, por entablar una conversación y llegar a acuerdos con su padre, Eva impidió que estos encuentros se realizaran, llegando incluso a gestionar su teléfono móvil, responder sus llamadas, controlar sus salidas, acompañarlo a todas partes y filtrar cualquier contacto con el exterior de su padre; como este medio, ha llegado a comprobar.

El bodeguero, no solo no tiene negada la entrada en la bodega, sino que mantiene nomina y tarjeta de la empresa, coche, incluso la vivienda que ocupa con su hija pertenece a la compañía.

En cuanto a las informaciones que se han ido publicando, este periódico ha podido saber que procederían del equipo de abogados que Eva y Alejandro han contratado para su particular batalla. Dado que su minoría en el accionariado y el Consejo no les permitiría imponer su voluntad en el ámbito mercantil, su estrategia fue llevarlo a los medios para presentar a Alejandro como una víctima de su mujer y sus hijas ante la opinión pública, pero lo cierto es que:

  1. Durante todo el año 2018, ni Alejandro ni Eva han asistido personalmente a ninguna junta ni consejo, siempre han asistido sus abogados y no en todos los casos.
  2. La política del grupo de empresas, liderada siempre por Alejandro, fue siempre la de no repartir dividendos para poder crecer y consolidarse en lo que hoy es un grupo empresarial solido y potente.
  3. En la junta de 5 de marzo de 2018 Alejandro fue nombrado administrador mancomunado, pero no aceptó el cargo.
  4. Alejandro no solo no asistió a ningún consejo, sino que, en aquellos consejos en los que era presidente, no realizó la convocatoria obligatoria para convocar cuentas, ni siquiera cuando fue requerido para ello; por todo ello, las cuentas hubieron de formularse y aprobarse fuera de plazo.
  5. Los administradores tienen obligación de asistir personalmente a todas las juntas generales (artículo 180 de la Ley de Sociedades de Capital) y ni Eva, ni Alejandro asistieron a ninguna. Causa que obliga a sustituirle como administrador de las sociedades del grupo y cesándole por acuerdo de la mayoría de los socios asistentes a la junta. Mantener el nombramiento de administrador a alguien que no lo había aceptado habría sido totalmente irregular y habría impedido el normal funcionamiento de la compañía con el consiguiente riesgo empresarial.
  6. Respecto al resto de las empresas, y en concreto Condado de Haza, sucedió algo semejante: en dos ocasiones se solicitó a Alejandro Fernández que, en su condición de presidente del Consejo convocara, finalmente, lo que no hizo, para cinco meses después, celebrar el mismo sin su presencia, aun siendo convocado el mismo. Eva tampoco asistió a ninguno de los dos consejos. Ante estos reiterados incumplimientos de sus deberes, no hubo más remedio que cesarles en sus cargos en la junta general siguiente, que se celebró el 28 de agosto, junta a la que tampoco acudió, ni en persona ni representado.

De todos estos hechos hay actas notariales, ya que por transparencia se requirió la presencia de notario en todas las juntas y consejos citados.

La familia opta por el silencio, a pesar de que podía serles perjudicial ante la opinión pública, a fin de preservar la imagen de su padre. Solo comentan que, dado que estas cuestiones están en los tribunales, prefieren que sean los mismos, los que hablen.

Ahora, el grupo empresarial acomete un Plan Estratégico sin precedentes, en el que renueva su identidad corporativa, actualizando sus marcas y proyectando poner al grupo en el lugar donde debería haber estado estos años.

El grupo, que presentará este proyecto a lo largo de la semana que viene, desea de esta manera demostrar que esta más vivo que nunca, económicamente estable, contando con un equipo de profesionales cualificados y que tiene en sus hijas y nietas un futuro ilusionante.