Las hojas representan el centro básico de la actividad de la vid, en ellas se realizan múltiples funciones que van desde las funciones fisiológicas más conocidas entre las que destaca la fotosíntesis, a través de la cual las hojas captan de la atmosfera la energía luminosa, que trasforman en energía química para trasformar el anhídrido carbónico (CO2) atmosférico en hidratos de carbono, en azúcares, que son el primer eslabón de todas las cadenas metabólicas de la planta, azúcares que la vid utilizará para edificar los diferentes tejidos y órganos, que empleará como fuente de energía para las diferentes funciones de crecimiento y metabolismo, azúcares que acumula como reserva en frutos o en los o en otras partes de las plantas (hojas, tallos o raíces); con el concurso de los azúcares las plantas obtienen los restantes compuestos orgánicos, desde las proteínas, las hormonas o los ácidos orgánicos tienen su origen en los azucares. Las hojas realizan también funciones de respiración mediante las cuales se obtiene energía para los diferentes procesos, y son las principales responsables del consumo de agua a través de la función de transpiración, mediante la cual ceden a la atmosfera agua en forma de vapor para satisfacer la demanda que la atmosfera ejerce en las hojas como consecuencia de la captación de la energía, del estado higrométrico, etc. por otra parte las hojas realizan numerosas funciones de síntesis de muy variadas sustancias que van desde sus propios pigmentos como las clorofilas hasta hormonas como auxinas o giberelinas, o compuestos que luego se emplean o acumulan en otras partes de la vid como son los propios azúcares o ácidos como el tartárico o el málico que son sintetizados también en las hojas. Las hojas además realizan funciones de crecimiento que llevan consigo la expansión de las mismas, funciones de conducción o funciones de acumulación en sus tejidos de azúcares o de otras sustancias de reserva.

Por tanto la productividad de la vid en sentido amplio y la capacidad de crecer, de producir uvas o de madurar dependen de las hojas, de su cantidad, de su disposición, de su estado, etc., En principio cuanto mayor sea la cantidad de hojas, mejor expuestas estén y más activas se presenten, mayor es la capacidad de captación de energía (y de CO2) y en consecuencia de crecer y de producir, en contrapartidas mayores son las necesidades y el consumo de agua. Por ello es muy importante a la hora de determinar el área foliar del viñedo tratar de «maximizarlo» en adecuado equilibrio con la disponibilidad de agua que estacionalmente tiene el viñedo.

La cantidad total de hojas que tiene el viñedo constituyen la llamada Superficie Foliar Total, que se expresa como unidad de superficie de hojas (corrientemente en metros cuadrados o con menos frecuencia en centímetros cuadrados) por cepa, o más correctamente por unidad de superficie de suelo, con frecuencia se emplea para referirse a la superficie foliar total, el índice de área foliar, LAI ( expresión inglesa: Leaf Area Index), que representa la superficie foliar de hojas por superficie foliar de suelo (m2/m2). La superficie foliar total del viñedo (LAI, m2/m2), es muy variable con frecuencia muchos de nuestros viñedos se mueven entre valores que van de 0,5 a 1,5 de LAI, pero debemos considerar que hay viñedos con poco desarrollo y baja potencialidad que no alcanzan 0,5 y por el contrario hay otros que superan con mucho valores de 2, incluso con potenciales altos y viñedos de muy alto potencial alcanzan LAI de más de 6 y 7 m2/m2.

El LAI es un indicador de la potencialidad general, pero la capacidad productiva depende de la eficiencia de la superficie foliar en la captación de la luz, y por tanto depende de cómo se distribuyan las hojas, de como esté de expuesta la superficie foliar, Debemos de tener en cuenta que las hojas sombreadas en exceso, interiores no resultan eficaces para la vid y son las externas susceptibles de captar bien la luz las que resultan de utilidad. Por ello con frecuencia la potencialidad de las hojas del viñedo la medimos mediante la Superficie Foliar externa del viñedo que capta directamente la luz (SA, m2/m2).