La primavera del 2008 amenazaba a muchas de nuestras regiones vitícolas con un periodo de crecimiento restringido por la reducida precipitación recogida de noviembre a marzo, las condiciones hasta entonces parecían anunciar un fuerte déficit hídrico a partir del desborre del viñedo.Una gran parte de nuestro viñedo cultivado en secano depende muy directamente del agua acumulada en el suelo proveniente de las precipitaciones de este periodo, pues el régimen de lluvias es escaso a partir de abril/mayo. De hecho, publicamos una tribuna a principios de abril alertando de los posibles riesgos que podía sufrir el viñedo si la situación no cambiaba. Nada más oportuno. Fue publicar la tribuna y empezar a llover en muchas de las regiones en que no lo había hecho anteriormente, y las lluvias en muchas de nuestras zonas vitivinícolas se han prolongado hasta fechas bien avanzadas del mes de junio. Lo poco que había llovido antes del desborre se cambió por una importante cantidad de agua recogida después, hasta antes de la floración o hasta después del cuajado, según la precocidad de las variedades y regiones. De hecho, en muchos viñedos la precipitación a partir de marzo ha superado los 200/250 mm (l/m2), lo que ha excedido, con mucho, en la mayoría de los viñedos, a la capacidad de almacenamiento de agua en el suelo. Además de las precipitaciones de este periodo, las condiciones de temperatura han sido muy moderadas, lo que ha llevado consigo un considerable retraso en el crecimiento y desarrollo de las vides, que puede acentuarse o atenuarse en función de las condiciones que se vayan produciendo.

Muchos viticultores califican sus viñedos de vigorosos. La elevada disponibilidad de agua durante la primavera ha estimulado el crecimiento en longitud y diametral de los pámpanos y de sus nietos, favorecido en algunos casos por suaves y favorables condiciones de temperatura. En definitiva, hablamos de viñedos vigorosos, ya que sus pámpanos o sarmientos son vigorosos, de gran tamaño. El vigor lo medimos y expresamos como el peso medio que tienen los sarmientos en el periodo de reposo. Cuando nos referimos al peso de la madera de poda de las cepas, el término apropiado es el de expresión vegetativa, es decir, que el vigor es el resultado de dividir el peso de la madera de poda por el número de sarmientos que corresponden a dicho peso. Estos términos son estimadores del crecimiento vegetativo, que es una parte importante del potencial productivo del viñedo, que hace referencia a la totalidad del crecimiento de las cepas, tanto de sus partes permanentes (raíces, tronco, brazos, cordones, etc.), como de las renovables (sarmientos principales, nietos, hojas, racimos), y se estima como la producción total de biomasa o de materia seca de las vides, que requiere emplear métodos destructivos y laboriosos que hacen que su uso se restrinja a investigación, y se emplee la materia seca de partes renovables, que suponen el 80-90% del total de la producción.

El vigor se ve favorecido por la abundancia de disponibilidad de agua, por la baja carga de yemas y de pámpanos, por la fertilidad alta y profundidad del suelo y temperaturas «suaves». Las variedades presentan importantes diferencias de vigor y su manifestación puede estar favorecida por los patrones que también presentan influencias muy diferentes en el vigor. Las relaciones internas en el pámpano son muy estrechas entre las partes vegetativas y los racimos. El crecimiento vegetativo es indeterminado, es decir, el pámpano y los nietos pueden crecer indeterminadamente, mientras las condiciones se lo permitan, pero la cosecha es determinada, pues lo son el número de racimos y el de flores, y el cuajado y el crecimiento de la baya varía tan sólo en intervalos relativamente estrechos. De hecho, la velocidad de crecimiento del pámpano se reduce después de la floración, cuando después del cuajado los racimos suponen un importante sumidero de fotoasimilados. Por otra parte, el crecimiento vigoroso del pámpano puede ser también un importante competidor para el racimo, y en variedades sensibles en floración/cuajado puede ser causa de corrimiento, y en otras circunstancias favorecer el retraso del ciclo.