La conducción en espaldera es la alternativa más frecuente a la conducción en vaso, sistema más extendido en nuestra viticultura. Para la conducción en espaldera la mayor parte de los viñedos han optado por formar las cepas en cordón doble horizontal o cordón bilateral con poda corta en pulgares y, con mucha menor frecuencia, los viticultores han elegido para la formación de sus plantas el cordón simple unilateral con poda también corta en pulgares.Una de los argumentos más empleados para justificar el cordón doble es el equilibrio de las cepas. La presencia de los dos brazos o cordones a partir del tronco con igual número de pulgares, y por tanto de sarmientos y de racimos a cada lado del tronco de la cepa, parece que se entiende como que ésta está más equilibrada. Lo cierto es que es más simétrica.

Los resultados en muchos viñedos tanto comerciales como experimentales han puesto de manifiesto que si las plantas se forman adecuadamente con dimensiones correctas el equilibrio no depende de que existan uno o dos cordones. Otro argumento empleado para justificar el doble cordón es el temor de que en el caso de emplear un único brazo, como coloquialmente se dice, la fuerza se vaya al extremo, es decir el vigor sea débil en la zona próxima al tronco y elevado hacia el extremo del cordón. La vid es una planta acrótona, es decir brotan y crecen más vigorosos los sarmientos procedentes de yemas más alejadas de la base y el vigor crece con el rango de las yemas. Debemos tener en cuenta que las variedades de vid presentan una acrotonía muy variable, por ejemplo grande en Garnacha, y que depende de la dirección de los sarmiento; con la horizontalidad se atenúa. Una consideración importante es que aunque en el año en que brotan los sarmientos en el cordón observemos que hacia los extremos crece el vigor, cuando se formen los pulgares y brazos (torres) sobre el mismo éstos son más independientes unos de otros y las diferencias en el vigor a lo largo del cordón desaparecen o no son causadas por la posición.

Resulta importante separar adecuadamente las cepas en la línea, en función de la variedad, de los recursos y por supuesto, de si vamos a formar un cordón simple o doble. Los cordones se pueden formar dobles o simples para cualquier distancia entre cepas, pero de forma muy general si la distancia no supera los 1,1 ó 1,2 metros, aunque se pueda hacer, no merece la pena plantearse un cordón doble, pues resulta más sencillo uno sólo y en el mismo sentido, aunque no hay limitaciones expresas, si se superan los 1,4 metros entre cepas el cordón doble se comporta favorablemente.

El cordón simple para las distancias de plantación que se están utilizando en el viñedo, con mucha frecuencia de menos de 1,25 metros, debemos decir que resulta más sencillo de formar, pues hay que seleccionar y guiar un solo sarmiento y es más fácil conseguir la continuidad a lo largo de la fila o del hilo, con curvaturas suaves. En el caso del doble cordón muchas veces queda una zona abierta junto al tronco o se fuerzan en ángulos poco recomendables los brazos.

Normalmente se aconseja que los pulgares que se disponen en el cordón se dispongan vertical y regularmente distribuidos en la parte superior del cordón o cordones. La verticalidad y posición en la parte superior de los pulgares en la formación en cordón es una propiedad deseable, ya que facilita después la conducción vertical de los sarmientos, las intervenciones manuales y de forma muy especial las intervenciones mecánicas como la prepoda y la vendimia. No debemos olvidar que la verticalidad de los sarmientos es decisiva para una buena distribución de la superficie foliar, que debe ser porosa, y de los racimos que no deben estar amontonados por sanidad y maduración. Para ello se deben recoger pronto los sarmientos y situar a una altura de no más de 30 centímetros los primeros hilos de vegetación.

Resulta recomendable formar los cordones en un solo crecimiento para no dejar heridas en el cordón permanente, y dejar que los brazos se alarguen sobre él, evitando rebajar la posición de los pulgares para minimizar las mutilaciones en los cordones permanentes y tratar de garantizar la perennidad.