Un estudio publicado recientemente asegura que el enoturismo aporta el 20% de los ingresos totales a las bodegas de las principales zonas vitivinícolas del mundo. El 63 % de los encuestados ven al enoturismo como una buena alternativa para afrontar los periodos de crisis económica; el 27,5% lo consideran muy útil, mientras que sólo el 10% opina que no es positivo.El análisis de la actividad enoturística, inserto en el informe de la red mundial de ocho grandes zonas vitivinícolas del mundo, abarca las regiones de Bilbao-Rioja, Burdeos, Ciudad del Cabo, Florencia, Mainz-Rheinhessen, Mendoza, Oporto y San Francisco-Napa Valley. En total, han participado un total de 454 bodegas de estas regiones.

El 63% de los encuestados ven al enoturismo como una buena alternativa para afrontar los periodos de crisis económica; el 27,5% lo consideran muy útil, mientras que sólo el 10% opina que no es positivo. En el estudio, se especifica que una gran parte de los ingresos por enoturismo proceden de las ventas de vino a los visitantes, seguido del alojamiento, restauración, venta de artículos de “merchandising” y otros servicios turísticos, con Burdeos y Bilbao-Rioja como zonas estrella. El gasto medio del turismo enológico, según el informe, oscila entre los 30 dólares (20,84 euros) de Bilbao-Rioja y los 200 dólares de Florencia (138,92 euros), destino con un desembolso más alto, seguido de Napa Valley, con 188 dólares.

Por otra parte, se detalla que los principales beneficios que el turismo enológico lleva a una región son la mejora de la imagen de la misma (69 % de los encuestados), seguida del incremento de los ingresos (62 %). El estudio define el perfil del turista enológico habitual, que es hombre, de entre 36 y 55 años, procedente principalmente del mismo país donde se ubica la bodega.

En cuanto a los principales canales de promoción utilizados, estos siguen siendo las Oficinas de Información Turística (68%), la realización de catas y degustaciones (63,7%) y uso de mailings y newsletters. La prueba del auge del enoturismo es que en los últimos cinco años, la mayor parte de las bodegas han invertido en infraestructuras y en la mejora de los servicios, mientras que sólo unos pocos han elegido el posicionamiento en el mercado vinícola como el principal objetivo de inversión.