En Brasil se han lanzado de cabeza al consumo de vino. En el periodo 2011-12, según la OIV, los brasileños consumieron 3.700.000 hectolitros, el 1,5% del consumo mundial. Nunca como ahora habían consumido vino y los nuevos consumidores se muestran deseosos de comprar y de aprender.

brasilvinoEl mercado del vino en Brasil mueve unos 165 millones de dólares anuales. De ellos, en cifras que ofrece la embajada española en Brasilia, nuestro país proporciona el 3,75% de la mercancía al mercado. El 50% se cubre con importaciones de Argentina y de Chile. Otro 48% llega de Europa en éste orden: Francia, Italia, Portugal y España. El 2% residual lo aportan Australia y Sudáfrica principalmente. Aunque España ha ganado peso en los últimos diez años (duplicó su cuota de mercado en volumen) y ahora es origen de vinos más caros, todavía queda camino por recorrer. El precio CIF (Costo en país de origen, Flete y Seguro de la mercancía) medio para España en 2011 fue de 4,50 $/litro.

Los impuestos en Brasil son muy altos, de modo que es interesante presentarse con precios muy competitivos. Según datos del ICEX, la carga tributaria total es de 5,17 $/litro, lo que supone un encarecimiento en frontera del 51,7% sobre el valor CIF. Los impuestos indirectos (de carácter no arancelario) son también satisfechos por el productor local. Pero como se aplican al valor CIF + arancel y son en cascada, inciden desfavorablemente en la competitividad del producto importado. Recientemente, además (Abril de 2010), se exige a los vinos un sello fiscal disuasorio para el contrabando. El precio es uno de los mayores referentes para los consumidores brasileños, y es un factor a tener en cuenta en un país donde el vino se grava al mismo nivel que las bebidas de alta graduación alcohólica.

Por desgracia, el vino no forma parte de las mercancías que se importan sin licencia. Algo engorroso, el proceso para el exportador precisa una licencia previa de importación. Dicha licencia la solicita el importador a través del SISCOMEX, una aplicación informática bajo el control del MDIC (Ministerio de de Desarrollo Industria y Comercio). A través de ella se solicitan y se conceden licencias, se despachan trámites aduaneros y se verifican los cobros y pagos referentes a operaciones de comercio exterior. La aplicación es utilizable por cualquier exportador-importador que haya cumplido los requisitos contables-fiscales del RADAR, expediente de solvencia financiera y de cumplimiento fiscal y laboral, de aprobación obligatoria.

Según la posición estadística, el país de origen, la existencia o no de limitaciones cuantitativas o de derechos antidumping y el tipo de operación, el SISCOMEX determina si puede o no conceder la licencia. En el caso de los vinos de la posición 2204, el organismo que dirige los trámites es el Departamento de Inspección de Productos de Origen Vegetal (DIPOV) dependiente del Ministerio de Agricultura, Pecuaria y Abastecimiento (MAPA). Este organismo mantiene un Registro en el que deben constar los datos de las empresas importadoras de vinos y alcoholes. Este requisito de inscripción en el registro no se aplica a las empresas españolas, sino a los importadores brasileños.

La legislación que regula la normativa sanitaria, por otra parte, se encuentra en la IN 54/2009. Contiene todo lo relativo a la inspección de exportaciones e importaciones de vinos, toma de muestras, análisis a efectuar y Organismo responsable, que es el VIGIAGRO. La nueva IN facilita la normativa anterior, ya que, en el caso de análisis positivo de un producto, las siguientes operaciones con ése mismo producto durante un plazo de un año, o durante tres años si las operaciones son inferiores a 100 cajas (900 litros), no precisarán de nuevos procesos analíticos.

De cualquier forma, y como ya ha sucedido en otros mercados emergentes, las cosas, la normativa y el escenario en general, pueden cambiar en un lapso muy corto de tiempo, por lo que es importante estar muy atento a los cambios legislativos para saber qué camino hay que seguir, y permanecer al tanto de las posibles novedades.

El vino es cada vez más popular en Brasil, tiene y otorga prestigio a quien lo consume, y es creciente el interés por todo lo que haga referencia al vino. De ahí que una estrategia de marketing fuerte sea necesaria para crear conciencia de marca y obtener el posicionamiento del producto entre el sector correcto de población. No hay que escatimar en medios para llegar al consumidor, y ofrecerle cercanía, imagen de marca fuerte y de calidad con tradición.

La curiosidad por el mundo del vino también está contagiando a los jóvenes brasileños, pero a diferencia de sus padres, que no salen de sus referencias argentinas, o chilenas, y en algunos casos italianas, los consumidores jóvenes están más abiertos a ampliar la variedad en cuestión de países de origen. Es ahí donde el exportador español puede jugar la baza de la marca, ya que estos jóvenes se muestran deseosos de conocer y de obtener el prestigio que otorga el vino, pero desmarcándose de los gustos de sus padres.