España se está poniendo tan de moda en el mundo del vino como en el de la gastronomía. Puede que no haya un solo nombre de vino español con la potencia de las palabras de El Bulli, pero entre los vinos blancos españoles, el Albariño está muy cerca.Albariño es el vino blanco español más famoso a nivel internacional, una especialidad de la fría región de Galicia, pegada al Atlántico, al noroeste del país. Sus refrescantes vinos son tan distintivos que comandan las listas de los blancos en los principales restaurantes de Madrid y Barcelona. Consciente de esa tendencia, viticultores desde Oregón hasta Australia se han planteado vender sus propias versiones de Albariño.

Aunque en Australia, el brazo oficial del Gobierno en materia de viticultura, denominado Commonwealth Scientific and Industrial Research Organization (CSIRO), acaba de anunciar que lo que se ha estado vendiendo como albariño no lo es, sino que proceden de una variedad de vid diferente propia de la zona del Jura y llamada savagnin.

Esto salió a la luz cuando el investigador Jean-Michel Boursiquot, de la Universidad de Montpellier, hizo un viaje hace dos años por los viñedos australianos y se dio cuenta de que la vid a la que llamaban albariño era realmente savagnin. La clásica forma de identificar las variedades de vid se basa en la comparación visual de la hoja. En la actualidad esta forma ha sido sustituida por los análisis de ADN. Las autoridades australianas importaron muestras originales de albariño español y de savagnin francés para compararlas. El resultado fue favorable a la vid francesa.

Los productores australianos de Albariño han sido requeridos a etiquetar su vino a partir de ahora como Savagnin Blanc o Traminer. Esto se debe a que análisis de ADN en Italia han confirmado que savagnin y traminer es la misma variedad. No así la variante más conocida de todas, la gewürztraminer que sigue siendo única.

El problema para los productores australianos de Albariño, sin embargo, es que el nombre Savagnin, a diferencia del de Albariño, no tiene atractivo dentro del mercado. Es muy famoso por su vino joven, un jerez venerado a nivel local como el vino, pero poco conocido en otros lugares. Y en Australia, el nombre Traminer sería engañoso, ya que se asocia con la gewürztraminer.

Damien Tscharke, del valle del Barossa, fue el primero y es el mayor productor australiano de Albariño. “Producimos un vino que refleja las características de los españoles con flores aromáticas, tonos de melocotón maduro, verde pera, kiwi y especias”. Tscharke es reacio a aceptar la decisión del CSIRO porque ve muchas diferencias entre su Albariño y las vides cultivadas en el valle de Barossa que siempre han sido llamadas traminer. El productor Gary Crittenden de Victoria está igualmente sorprendido: “No podemos infravalorar el poder de la marca Albariño. La idea de llamarlo Savagnin me llena de temor”.

En la actualidad hay decenas de productores de esta controvertida variedad en Australia, la mayoría de ellos han recibido las cepas de la CSIRO, quien afirma que las adquirió de buena fe en el decenio de 1980 de una colección oficial erróneamente española. En EE UU, los abogados estarían ya frotándose las manos en previsión de un buen y jugoso litigio.

Estos problemas son específicos de nuestra era, en la que los vinos se etiquetan según la variedad de uva de la que están hechos. Pero lo que aumenta realmente es la cantidad de variedades de uva diferentes usadas en la actualidad para la elaboración de un solo vino. En los años 1980 y 1990, los vinos se elaboraban básicamente con chardonnay, cabernet sauvignon, merlot, syrah/shiraz y sauvignon blanc.

No es de extrañar que tradicionalmente las variedades de uva hayan tenido diferentes nombres en distintas regiones. Se necesita tiempo para que surja un nombre como el más reconocido y, por tanto, comercial. Incluso así como una variedad chardonnay se ha conocido como un sinónimo o dos.

Jancis Robinson
25 abril 2009 – Financial Times