A primeros de 2009, el responsable de Políticas de Riesgos de uno de nuestros grandes bancos, dijo: “en tiempos de crisis profunda con multiplicidad de factores concurrentes, es mejor hacer análisis simples”.

Este formato simplificado puede usarse para analizar la visión de los fondos de inversión extranjeros, en cuanto al valor de los activos en el balance de las entidades españolas.

1. Perplejidad, ante la falta de profundidad de las reformas en España, y el grado de servidumbre política de las decisiones. Incertidumbre ante sus efectos reales, debido a nuestra complejidad político-institucional.

2. Lo mismo, ante lo que entienden como falta de decisión, con respecto al “marking-to-market” de los activos en los balances, especialmente en los de las entidades financieras.

3. Desconfianza general sobre el “accuracy” de los valores actuales en libros. En contra de la opinión publicada de muchos políticos y otros “iniciados”, esta desconfianza no está alimentada por rumores infundados o intereses espurios, sino por compras reales de activos, hechas por los Fondos en España en los últimos 5 años, y el análisis de los resultados en la realización de estas inversiones. Muy alto grado de incertidumbre sobre si esta situación cambiará en algún momento en el futuro, al entenderse que un saneamiento decidido, podría ir en contra de intereses políticos locales y también de algunos de los internacionales.

4. Preocupación, ante la intervención pública potencial sobre determinados sectores (especialmente debido a que, en algún caso, esto se ha hecho con efecto retroactivo).

5. Incertidumbre sobre la duración y la profundidad del proceso de reestructuración del sistema bancario, afectando al análisis de perspectivas del mercado de crédito y a los tiempos de liquidez de algunos activos, especialmente los inmobiliarios.

6. Incertidumbre sobre los resultados de las elecciones generales. Desconocimiento sobre la visión del candidato del PP.

7.  Mixedfeelings sobre el equipo económico del Gobierno de J.L. Rodríguez Zapatero y su capacidad real de decisión. El papel del BdE ha sido muy discutido y sus decisiones, (o, mejor dicho, la falta de las mismas), han sido entendidas en clave política.

8. Preocupación sobre el control del déficit del Estado (percibido como de difícil manejo político y de, asimismo, difícil venta social).

9. “Forecast” débil sobre el potencial del consumo y otros en la demanda interna, provenientes de una potencial evolución hacia mayor presión fiscal y de incertidumbre sobre el ritmo plausible de creación de empleo.

Independientemente de la opinión que tengan unas salas de análisis u otras sobre el tiempo necesario para la vuelta a ratios de crecimiento sustantivo para la economía española, y de cuáles serán los sectores que tirarán del nuevo modelo productivo, de modo general, y si se agita todo lo anterior en coctelera y se añaden algunas cosillas más relacionadas con la evolución de los mercados de deuda y el coste de capital, a cualquier analista sensato le sale un descuento serio sobre el valor teórico de los activos españoles. Por supuesto, existen elementos fundamentales positivos en España y los analistas saben identificarlos y valorarlos, pero “la mayor” es que cualquier inversor necesita algo de “confort” sobre cómo van a ser manejados… Así que, parece evidente que, para que el dinero extranjero vuelva a confiar en España, los políticos van a tener que hacer bastante más que simplemente ganar las elecciones.