La formación de los racimos y de las flores en la vid se produce a lo largo de dos estaciones. Los procesos que conducen a la formación de las inflorescencias y flores son complejos y están fuertemente condicionados por factores genéticos, ambientales y culturales, y son determinantes en la producción de la cosecha y de su variabilidad, tanto en lo que se refiere a la variabilidad que se produce entre diferentes viñedos en año determinado, como a la variabilidad del rendimiento que se produce entre años en un mismo viñedo.

Todos los procesos que conducen a la formación de las inflorescencias y de las flores son de una gran complejidad, y de léxico complicado y a veces confuso, su trascendencia es evidente pues son decisivos en la determinación de la fertilidad, del rendimiento de la cosecha. Por ello trataremos de exponer de forma sencilla y simplificada cómo se forman los racimos y las flores, cuándo, y cuáles son los factores más influyentes.

En general se habla de tres procesos que son los de inducción, iniciación y diferenciación. La inducción floral comprende los fenómenos fisiológicos previos que determinan la iniciación de un meristemo hacia la constitución de una inflorescencia, es decir, podríamos expresarlo como las condiciones que hacen que en una yema su meristemo terminal programe el que se inicie la formación de los racimos. La iniciación y diferenciación podemos considerarlas como el conjunto de procesos que sucederán en las yemas para que se materialicen los racimos y posteriormente las flores con todos sus órganos.

La formación de los racimos y de las flores completas se produce en dos estaciones, en la primera estación, en las yemas, el año anterior al de cosecha de uva, en el periodo de primavera y hasta mitad del verano en las yemas se forman los racimos de la cosecha del año próximo; en la segunda estación, al año siguiente, desde poco antes del desborre hasta la floración se terminan de diferenciar los racimos, se diferencian los botones florales (al comienzo de la entrada en actividad), y a continuación crecen las inflorescencias y se forman los órganos florales, los procesos culminan en la ántesis o floración.

La formación de los racimos en las yemas tiene lugar durante el llamado período de predormición, (comprende desde mediados de primavera hasta mediados del verano). En condiciones medias, hacia final de mayo o principios del mes de junio, hacia la época de floración o un poco antes, después de haberse diferenciado las primeras futuras hojas, comienza el desarrollo del primer racimo con sus ramificaciones, a continuación el segundo racimo, y en su caso algún racimo más, por término medio, no se forman más de dos. Este fenómeno es gradual desde las yemas de la base del sarmiento hacia la extremidad. La diferenciación de los racimos comienza hacia la época de floración, hasta que a mediados del verano las yemas entran en dormición (finales de julio a agosto) cesando la diferenciación, los esbozos de las inflorescencias, los racimos, alcanzan un nivel de organización de ramificaciones primarias, secundarias, incluso terciarias (las inflorescencias primordiales más desarrolladas y con más ramificaciones llevarán mayor número de flores).

Los racimos se forman en las yemas el año anterior al de su floración, en el periodo que aproximadamente va desde unos 10 a 15 días antes de floración a antes del envero, es posible que la diferenciación termine un mes antes de que dé comienzo el agostamiento de los pámpanos. Resulta importante tener en cuenta que en este periodo se determina la cosecha del año próximo, ya que se forman los futuros racimos y se predetermina su tamaño (se forman sus principales ramificaciones). La diferenciación es más prolongada para los primeros racimos, lo que provoca que los racimos inferiores del sarmiento sean más grandes.

La diferenciación depende de la posición de las yemas en el sarmiento, y en general lleva consigo que las yemas más alejadas de la base sean más fértiles, pues les favorecen las condiciones para la diferenciación. Las características genéticas son determinantes de la diferenciación de los racimos, responsables del número y tamaño de los racimos y, por tanto, de la capacidad productiva, y, asimismo, los cambios de fertilidad de las yemas dependen del genotipo de las variedades.