Las iniciativas de restauración en Madrid proliferan en estos tiempos en los que se avecina la época de celebración. Nadie quiere dejar su apertura para después porque saben que este trimestre es crucial para su cuenta de resultados. Gracias a Dios por otra parte, ya el ritmo de cierres no es el de años pasados, pero sin duda los habrá en la cuesta de enero porque, al menos en Madrid, no cabe un cubierto más.

Ahora más que nunca, y en beneficio del consumidor, se batirán el cobre la calidad y el servicio para perpetuarse.

Con ese objetivo convendría recordar a los restauradores que el consumidor ya sabe lo que valen las cosas y compruebo últimamente, la subida del ticket medio a un ritmo inquietante y no es bueno para nadie, que iniciemos ese camino, porque más dura será la caída.

Esa ha debido ser la reflexión de estos emprendedores de los fogones, porque Haches, -no confundir con Hache de Bailen, este está en Ortega y Gasset- es un brindis al equilibrio. Este restaurante que abrió hace no más de 8 meses tiene una carta interesantísima con un precio francamente bueno. La decoración es actual y elegante, en todos azules y madera, las mesas en general un poco pequeñas y juntas, supongo que por el poco espacio del que dispone. Su oferta de vinos es suficiente, aunque no muy extensa y es ahí donde yo ajustaría un poco el precio. El servicio excepcional, de mano de uno de los dueños que no se ofusca ante cualquier sugerencia y que pone todo el corazón en cada pase. Tiene una barra de pinchos y raciones a la que volveré sin falta, aunque solo sea para repetir el Pan Bao con cangrejo sin concha, o para tomar un cartucho de “pipas”, esas mini gambas rebozadas, un poco más grades que los camarones pero que se toman enteras y que yo que ustedes no me perdería. En postre la torrija HH es ganadora por su textura y su equilibrio, ni muy dulce ni seca.

No les desvelo más para que les dure la curiosidad y vayan a conocerlo, puede que nos encontremos.