José Moro Espinosa es el presidente de Bodegas Emilio Moro, ubicada en la DO Ribera del Duero y también de la Fundación homónima, su mayor apuesta por el compromiso social. En 2009 esta fundación recibía el Premio MVD a la mejor gestión de Responsabilidad Social Corporativa.

¿La internacionalización es un objetivo necesario por el que todos deberían apostar?
– Actualmente estamos presentes en 50 países y los objetivos fijados para los próximos años es ampliar mercados.

¿Ampliarán su cartera de mercados en un futuro?
– Sí, principalmente en el mercado asiático y en los países de Europa del Este.

China es uno de los mercados emergentes en el que muchos intentan entrar, ¿les interesa este país?
– Ya estamos presentes en China, en 2010 hemos conseguido importador y ya ha gestionado su primer pedido.

La bodega trabaja en numerosos proyectos de I+D, ¿es una forma de diferenciarse del resto o es más bien una filosofía de trabajo?
– Forma parte de una filosofía de trabajo que ayuda a diferenciarte del resto.

En 2008 crearon la Fundación Emilio Moro, que pretende luchar contra el reparto desigual del agua, ¿qué tipo de trabajos realizan desde ella?
– Como bien dices, la Fundación Emilio Moro fue creada en marzo de 2008 con la principal finalidad de dotar de agua potable y saneamientos a las zonas más necesitadas, en especial, del sudeste asiático y África. Ya ha recibido diversos premios por su iniciativa y se ha firmado un convenio con el Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo en Ginebra, por el que se ha adquirido el compromiso de financiar distintos proyectos de esta agencia de la ONU.

El primer proyecto financiado, en Sri Lanka, en sí trata de dos actuaciones principales, en las que se incluye la promoción y desarrollo sostenible de prácticas de administración de recursos del agua en una estrategia provincial: restablecimiento y administración de cuencas en el valle Lipton y restauración y protección de pozos en tres zonas de la provincia de Uva.

La problemática que se aborda en la primera parte del proyecto se centra en que el valle está coronado por tres grandes plantaciones de té, de las que sólo una utiliza cultivos de régimen orgánico, mientras que las otras dos emplean grandes cantidades de productos químicos, lo que perjudica la calidad del agua que fluye de esas montañas. Este problema se agrava por el hecho de que esas fincas sufren una particular falta de sanidad y tratamiento de desechos. La falta de cubierta forestal desemboca en una fuerte erosión durante los periodos de fuertes lluvias y, por tanto, desencadena un alto potencial de desprendimientos. El proyecto financia el restablecimiento de la ribera de los ríos, la conversión de huertos particulares en forestales, la creación de un centro de formación escolar y la gestión de aguas residuales.

La segunda parte actúa sobre unas regiones que dependen del agua que adquieren de los pozos desde los acuíferos en las áreas de depresión, situadas a unos 30 ó 40 metros por debajo de zonas de dura roca. El pozo disponible es en forma de tubo y uno de los principales problemas con los que se encuentran es la ausencia casi total de cubierta forestal. La falta de sombra, la disminución de materia orgánica en el suelo y la carencia de árboles con raíces profundas contribuyen al déficit de renovación y recarga del acuífero. La financiación se hace cargo del diseño de un mapa en el que los pozos se coloquen en función de los senderos y flujos de restauración, de modo que la cuenca completa se tenga en consideración aunque las distintas zonas se traten de forma diferente. Asimismo, se identificarán una serie de pozos públicos que sirvan a las necesidades de la comunidad para escuelas, hospitales, etcétera.

¿Cuáles son sus proyectos de cara a este año?
– Respecto a la bodega, esperamos poder seguir creciendo a nivel comercial y responder a las expectativas de todos nuestros clientes. De cara a la Fundación, donde el lema es que “el vino ayude al agua”, poder abarcar nuevos proyectos en los que “aportar nuestra gota de agua”.