La brotación de las vides en España en términos generales, se produce a finales de marzo o durante los primeros días de abril. Este año 2013 la Viticultura se preocupa por las consecuencias de las grandes precipitaciones acumuladas durante el pasado mes de marzo, coincidentes con el inicio del ciclo anual de la vid.

La información facilitada por la Agencia Estatal de Meteorología (AEMET), revela que la precipitación acumulada media en España durante el pasado mes de marzo, ha sido la mayor desde 1947, es decir, desde hace más de 75 años. La lluvia media España durante el mes de marzo es de 46 mm (litros por metro cuadrado), y la de este pasado marzo 2013 ha sido de 157 mm, es decir, casi cuatro veces mayor; y si el número de días de lluvia es habitualmente de cinco durante el mes de marzo, este año ha sido de 20. Muchas zonas de cultivo de la vid han registrado durante el pasado mes de marzo precipitaciones acumuladas de más de 250 mm, y algunos viñedos de Galicia se han superado los 325 litros por metro cuadrado durante este mes.

Por otra parte, la precipitación acumulada desde septiembre en la mayor parte de las regiones vitícolas ha sido de más de 300 mm, y en muchas zonas de viñedos de más de 400 litros por metro cuadrado, lo que representa una cantidad muy superior a la que habitualmente sea un acumula en nuestros viñedos durante el periodo de otoño invierno. En zonas extremas como la zona de Jerez la precipitación desde septiembre ha superado los 600 mm, y en la zona de Rías Baíxas, en el Salnés, se han acumulado más de 1000 litros por metro cuadrado de precipitación.

Las lluvias caídas han superado en mucho la capacidad de almacenamiento de agua en el suelo, por lo que éste está en términos generales, al comienzo del ciclo, saturado en agua, dando lugar a escorrentías profundas o superficiales, y a situaciones de encharcamiento en muchos casos.

Las temperaturas bajas han dado lugar a un retraso en el ciclo, pero las temperaturas altas favorecerán el vigor primaveral

Como efecto positivo en general podemos considerar que el viñedo inicia su ciclo con una reserva total de agua acumulada en el suelo. En algunos viñedos las temperaturas al inicio del ciclo han sido particularmente bajas, lo que da lugar a retrasos en el ciclo, si a continuación se suceden temperaturas favorablemente altas para el crecimiento este se producirá de una forma rápida favoreciendo el vigor primaveral, lo que puede ocasionar un excesivamente rápido desarrollo vegetativo. Si los viñedos disponen de agua por precipitación o de riego podrán hacer frente a la futura demanda estival, pero si al avanzar el periodo de crecimiento la precipitación es escasa o no hay posibilidad de riego, se puede producir el agotamiento o la reducción drástica de las reservas de agua del suelo, pudiendo paradójicamente producirse una situación futura extremadamente deficitaria en agua; como consecuencia de que la buenas reservas faciliten un crecimiento vegetativo excesivo durante la primavera y comienzo del verano y que luego si no llueve no se pueda responder a la demanda y se acentúen consecuencias negativas de una falta de agua al avanzar el ciclo. El riego o las precipitaciones durante el verano condicionarán las consecuencias finales productivas vegetativas y cualitativas.

En muchos suelos sin vegetación, y en los particularmente inestables, con escasa o deficiente estructura, y con pendientes, las lluvias de marzo han dado lugar a erosiones con importantes pérdidas de suelo, cárcavas, etc, que han producido importantes pérdidas económicas y materiales.

Las abundantes lluvias favorecen el desarrollo de la vegetación espontánea de primavera, y limitan el acceso a los viñedos para controlarla y limitar su competencia y propagación, su control con crecimiento excesivo y suelo encharcado, o con mucho agua da resultados normalmente negativos, en particular, mediante laboreo. La circulación de tractores por los viñedos con suelos demasiado húmedos, no sólo es difícil, sino que produce efectos de compactación por las rodaduras, que se traducen no solamente en problemas de Infiltración, si no en problemas de distribución de las raíces, quedando limitada su capacidad de expansión, particularmente hacia la calle. Los efectos de la compactación por la rodaduras de los tractores especialmente en periodos con exceso de agua en el suelo, son particularmente graves en viñedos jóvenes. Las labores que se realiza para eliminar las marcas de las rodaduras resuelven los problemas superficiales, pero no los profundos que son los importantes.
En algunos viñedos los excesos de lluvia favorecen la lixiviación del nitrógeno, que puede manifestarse en amarilleos primaverales, y deficiencias del mismo. Por otro lado se condiciona la actividad biológica en el suelo.

Se pueden incrementar los riesgos de las alteraciones parasitarias

Los suelos con humedad excesiva limitan las intervenciones culturales, algunas muy importantes como son la necesidad de realizar tratamientos fitosanitarios, que no se aplican en el periodo adecuado, y por otro lado se pueden incrementar los riesgos de las alteraciones parasitarias, especialmente algunas enfermedades criptogámicas producidas por hongos. Otras operaciones como la poda en verde, despampanados para formar las cepas, regular la carga de sarmientos y su distribución, quitar chupones, etc., en algunos casos se ve retrasada excesivamente, con las consecuentes pérdidas de eficacia y de precisión en su realización, que resulta no sólo imprecisa, sino más imperfecta y costosa.

Los suelos encharcados, con excesiva agua, pueden limitar la renovación de las raíces, particularmente sensibles a la falta de oxígeno, lo que pueden dar lugar a reducciones cuantitativas, con menor cantidad de raíces y de radicelas, o a distribuciones no deseadas, limitándose la cantidad de raíces en horizontes del suelo con el exceso de agua. Las vides son sensibles a la asfixia radicular por exceso de agua en el suelo, y los efectos de las grandes precipitaciones dependen por tanto del drenaje del mismo, y el tiempo que se prolongue el encharcamiento.

Las consecuencias finales serán el balance entre los efectos positivos de una buena reserva de agua al comienzo del ciclo, y los efectos negativos de un exceso de desarrollo primaveral, si falta el agua posteriormente durante el verano, la posible reducción de la renovación de las raíces, y otros como la dificultad para acceder a los viñedos y realizar las operaciones de cultivo, o ejecutarlas en malas condiciones.