Tras un fallido primer concurso, que culminó con la eliminación por incompatibilidad de la primera agencia seleccionada, la Interprofesional del Vino de España vuelve a convocar a las agencias.

La Organización Interprofesional del Vino (OIVE) no acaba de acertar con la agencia idónea para su publicidad o su comunicación. Los concursos convocados han sido confusos, sobre todo en cuanto a las bases, en cuanto a quién, cómo y por qué debían presentarse. Las agencias han visto eliminadas sus candidaturas mucho antes de poder defender sus posiciones, sin una respuesta clara ni un criterio homogéneo. Una simple carta diciendo “no ha pasado a la fase de presentación de credenciales” era toda la explicación que se daba. Lógicamente, con este contundente argumento, era imposible saber como adaptarse a la siguiente convocatoria.

Al parecer, una comisión de “expertos”, nada menos que 20, han sido los encargados de elegir. Comprensible es que el resultado haya sido tan poco satisfactorio: ni la visibilidad, ni la estrategia, ni la eficacia, ha gustado a la mayoría de los operadores que financian la fiesta.

La falta de acuerdo entre los “20 expertos” sobre qué y cómo debería hacerse la promoción habría llevado a que, finalmente, sean dos o tres operadores los que decidan quién y cómo hacer este trabajo. Curiosamente, coincidiría con las agencias con las que habitualmente trabajan en sus empresas. Tanto es así, que en la primera convocatoria se eligió una agencia que más tarde tuvo que desistir por incompatibilidad.

En lugar de volverse a convocar concurso, se decidió a dedo quien lo haría. De igual modo, en las bases se solicitaba que la agencia se presentara con una central de medios y una agencia de RRPP, cosa que no solo no sucedió, sino que no hubo proveedor de estos servicios hasta bien entrada la campaña, con falta de criterio y de homogeneidad en la estrategia y la gestión. En ambos casos se solicitaba que la agencia de comunicación tuviera alguna experiencia o conocimiento del sector. Tampoco fue así, y tuvo que ser el departamento de medios de la FEV quien acudiera en su ayuda en los primeros momentos, corrigiera las planificaciones y diera los datos a las agencias de quienes eran los principales actores sectoriales. Un cúmulo de incumplimientos, rectificaciones y falta de transparencia que continúa a día de hoy y se repite para este nuevo “concurso”, con el que parece querer cubrir un trámite.

En resumen; un improvisado trabajo de prueba y error, que denota la falta de timón en una organización que, teniendo todo a su disposición para hacer un trabajo de nivel, sigue navegando entre aguas turbulentas.