A la hora de diseñar una nueva plantación de viñedo, uno de los primeros aspectos que se plantea el viticultor es la elección de la densidad de plantación más adecuada para maximizar la rentabilidad del viñedo. Hoy en día, la apuesta realizada por muchos viticultores se basa en la obtención de una buena producción encaminada, principalmente, al aumento de la calidad de la cosecha.Sin embargo, surge la duda importante de ¿qué densidad de plantación es la más adecuada para maximizar la calidad de la uva y optimizar la rentabilidad del viñedo? Esta elección resulta muy importante de cara al éxito o fracaso de la futura plantación, ya que va a condicionar muchos aspectos técnicos en la gestión del viñedo.

El objetivo a alcanzar con la elección de una determinada densidad de plantación debe ser, principalmente, el equilibrio de las cepas, a partir de conjugar, en primer lugar, la capacidad potencial del suelo en función del tipo de vino a elaborar; en segundo lugar, el material vegetal empleado, prestando especial cuidado en la elección de la variedad, el clon o el portainjerto más adecuados de acuerdo a las características del suelo y los objetivos pretendidos, y en tercer lugar, las técnicas de cultivo aplicadas en la gestión del viñedo. Pero este objetivo, desde el punto de vista vitivinícola, no es tan sencillo de conseguir como pueda parecer, ya que no existe un método de medida e interpretación de las características del suelo, las cuales influyen tanto en el potencial de las cepas como en las particularidades de la uva para el vino a elaborar. Este hecho refleja la dificultad que se encuentra a la hora de extrapolar los resultados obtenidos con una determinada densidad de plantación de un viñedo a otro, dada la falta de caracterización y el desconocimiento de las condiciones de cultivo de cada situación particular.

Tradicionalmente, la elección de la densidad de plantación ha estado condicionada a la maquinaria que el viticultor disponía en la explotación agrícola, lo que limitaba en gran medida las opciones técnicas del cultivo. Sin embargo, actualmente, la viticultura se ha modernizado, y con la utilización de sistemas de conducción apoyados, este condicionante es cada vez menos importante, ya que se dispone de maquinaria apta para menores distancias entre filas, permitiendo más opciones en la elección del marco de plantación, ya sea en sistemas de conducción apoyados, como la espaldera, o libres, como el vaso.

Desde el punto de vista económico, es imprescindible realizar una evaluación de costes. Densidades de plantación elevadas conllevan mayor coste inicial (mayor número de plantas, tutores, postes, tiempo en operaciones de cultivo, etc.) por lo que habría que estimar, previamente, si el valor de la uva y del vino a producir, en relación a los costes de cultivo, rentabiliza el incremento de la inversión inicial. Por lo tanto, esta evaluación influirá decisivamente en la elección del marco de plantación.

En general, desde el punto de vista técnico, con altas densidades de plantación se obtienen racimos de menor tamaño, más sueltos y con bayas más pequeñas. Sin embargo, este hecho no implica que se generen vinos de mayor calidad. El equilibrio del desarrollo de la planta en función del potencial del suelo debe ser considerado como el factor principal a la hora de elegir un marco de plantación u otro. Comúnmente, se puede admitir que el potencial cuantitativo y cualitativo de un viñedo aumenta con el incremento de intercepción de luz por la superficie foliar, lo que se consigue con un mayor número de filas, hasta el límite máximo en que unas filas sombreasen a otras en sistemas de conducción apoyados como la espaldera, o hasta permitir el paso de maquinaria en sistemas de conducción libres como el vaso. Cabe reseñar que existen otros muchos factores que condicionan el potencial global de un viñedo (recursos hídricos, minerales, mecánicos, etc.) que influyen a la hora de desarrollar mayor o menor superficie foliar, y que, en consecuencia, hay que valorar detenidamente a la hora de establecer una nueva plantación.

Por último, la elección de la densidad de plantación debe tender, en general, a estrechar las calles hasta el punto en el que las condiciones mecánicas del suelo lo permitan, por ejemplo, reduciendo la distancia entre filas por debajo de 2,5 metros, y situar las cepas en la fila a una distancia que no comprometa ni la cantidad ni la calidad de la uva por exceso de competencia, y la cual estará, en general, entre 1 y 1,5 metros.