Me gusta pagar mis deudas, especialmente las que me impongo a mí misma. Desde hace tiempo, por ejemplo, pienso que debo promover más la causa de las mujeres con discapacidad. Las he tenido presentes siempre –a mis artículos e intervenciones me remito-, porque es inevitable cuando te preocupas de la promoción profesional de la mujer, de la igualdad y de la diversidad.También influye mi relación con Atos, empresa encargada desde hace años de la trastienda de los Juegos Olímpicos. Dentro de esos Juegos, las Paralimpiadas ponen de relieve la capacidad de superación de personas con diferentes limitaciones físicas.

El deporte parece una anécdota, pero es significativo. Requiere de la disciplina física, pero también de la determinación mental. Es increíble que quienes nos muestran tales capacidades en una faceta de la vida, puedan verse luego arrinconados en otras más comunes, como es en el acceso al mundo laboral.

Es verdad, no todos los que tienen una discapacidad son figuras olímpicas. Tampoco lo somos los demás. Es verdad, algunas personas con discapacidad sufren limitaciones muy severas. Pero hay mucho más de prejuicio, ignorancia y hasta de resignación –por parte incluso de los afectados y de sus familias- que de imposibilidad para desempeñar tareas profesionales por parte de estas personas.

A principios del verano, Madrid acogió las famosas Fiestas del Orgullo Gay y este año con repercusión mundial. En ellas, el colectivo LGTB recuerda los viejos malos tiempos, la superación de barreras y lo que aún les queda por conseguir. Opiniones estéticas al margen sobre las carrozas y los colorines, lo importante es ver cómo la sociedad –al menos la occidental- ha ido variando su criterio sobre quienes no cumplen con parámetros de normalidad cada vez más contestados. Eso no significa que todo esté solucionado o que no queden parcelas dignas del debate social.

Para las personas con discapacidad, los viejos malos tiempos siguen conjugándose en presente. Parece que no les ha llegado el turno, aunque haya organizaciones –la Once y múltiples asociaciones promovidas por los afectados y sus familias- que luchan, desde hace años, no tanto por recibir asistencia, como por su inclusión sin reservas en la sociedad a la que pertenecen y a la que tienen tanto que aportar.

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