Vinoble vuelve a la carga en un agonizante e inválido intento por resucitar su imagen y apostar por un segmento de futuro.

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Por fin lo que todos estábamos deseando: ¡Vinoble ha vuelto a nuestras vidas! Se trata de la feria de vino más noble o la más noble de todas las ferias… esa que, se venia celebrando en el Alcázar de Jerez, uno de los lugares más bonitos del mundo.  Lo malo es que no ha vuelto a traernos sus glorias pasadas, sino una nueva y pobre imagen  de dama venida a menos que, como los tiempos que corren, se ha desposeído de todo cuanto fue, aunque conserve su señorío.

Una feria que quiere volver a ser lo que era pero sin poder. Ni lo expositores pueden lo que podían, (salvo honrosas excepciones), ni el número de asistentes es el que era ni, por supuesto, los organizadores, que llegan despistados queriendo realizar actividades paralelas sin recursos ni conocimiento para ello.

Vinoble no volverá a ser lo que era si no apuesta de verdad. Eso significa invertir en recursos, y no solo por parte de la administración, también por parte de la industria

Temas recurrentes, poco imaginativos, manidos y agotados que poco aportan salvo lo obvio… mucho jabón a todo lo que viene de fuera (ya se sabe que en España siempre pasa) y mucha cera a los locales “Total, el consumo interno esta en franco descenso y no lo van a recuperar estos medios sectoriales que no sirven para vender.” –Palabras textuales de un bodeguero que olvidaba con quien estaba.  Mala política para hacer sector, para hacer industria.

Vinoble no volverá a ser lo que era si no apuesta de verdad. Eso significa invertir en recursos, y no solo por parte de la administración, también por parte de las empresas. Volcarse de verdad, montar una feria profesional y de bandera, como saben hacer los jerezanos, que son los mejores anfitriones del mundo, pero con una organización un poco más profesional, menos voluntariosa: de primer nivel. Lo demás es tirar el dinero, dejar con la miel en los labios, intentar resucitar un muerto… lo dicho, mejor dejarlo.